domingo, 28 de mayo de 2017

De las flores cortadas.

Un día sí y un día no, en la “mejor” zona y en la “peor”, de día y de noche, con falda, con vestido, con short y con pantalón; en el bello estado de San Luis Potosí las mujeres, de lo único que estamos seguras, es del riesgo que representa serlo.
No se necesita feminismo sino algo tan elemental como el humanismo –que, a decir verdad, no termino de entender si recibe ese nombre por un atinado sarcasmo- para conmoverse ante estos devastadores acontecimientos. La prueba soy yo, que, sin ser feminista y sintiéndome muy lejos de serlo, no he podido sentirme tranquila en ningún aspecto y estoy escribiendo esto para que sea leído por alguien más y, con suerte, remueva algunas consciencias. No se necesita feminismo, se necesita amor; amor por mí misma, por la naturaleza, amor por mi tierra, por mi gente, por mi familia, amor por las personas que le aportan a mi vida; amor por la vida misma.
Tengo tanto por decir que no sé qué decir primero ni qué tanto decir. Se me inunda el cuerpo de tristeza, de coraje, de rabia y de frustración cada que me levanto con una de esas terribles noticias que nadie quiere dar completas y pienso en todas las mujeres que están en mi vida y pido a todas las deidades por ellas. Se me vacía el corazón cada que me entero de que nos han quitado otro pedacito de este ser universal y colectivo que somos, cada que cortan y nos roban una flor por el simple hecho de serlo y de no dejar que arrancaran sus pétalos.
Ruego por las mías y por las de las demás, porque seamos todas una misma y cuidando de nosotras encontremos y generemos la paz, ruego por cada luz apagada y por cada mujer que ante esta masacre calla, por todas las que están doblegadas, ruego por las familias que las extrañan y ruego porque no les alcance una vida para pagar estas atrocidades a quienes las matan.




 SS.