Un día sí y un día no, en la “mejor”
zona y en la “peor”, de día y de noche, con falda, con vestido, con short y con
pantalón; en el bello estado de San Luis Potosí las mujeres, de lo único que
estamos seguras, es del riesgo que representa serlo.
No se necesita feminismo sino
algo tan elemental como el humanismo –que, a decir verdad, no termino de entender
si recibe ese nombre por un atinado sarcasmo- para conmoverse ante estos
devastadores acontecimientos. La prueba soy yo, que, sin ser feminista y
sintiéndome muy lejos de serlo, no he podido sentirme tranquila en ningún
aspecto y estoy escribiendo esto para que sea leído por alguien más y, con
suerte, remueva algunas consciencias. No se necesita feminismo, se necesita
amor; amor por mí misma, por la naturaleza, amor por mi tierra, por mi gente,
por mi familia, amor por las personas que le aportan a mi vida; amor por la
vida misma.
Tengo tanto por decir que no sé
qué decir primero ni qué tanto decir. Se me inunda el cuerpo de tristeza, de coraje,
de rabia y de frustración cada que me levanto con una de esas terribles
noticias que nadie quiere dar completas y pienso en todas las mujeres que están
en mi vida y pido a todas las deidades por ellas. Se me vacía el corazón cada
que me entero de que nos han quitado otro pedacito de este ser universal y
colectivo que somos, cada que cortan y nos roban una flor por el simple hecho
de serlo y de no dejar que arrancaran sus pétalos.
Ruego por las mías y por las de
las demás, porque seamos todas una misma y cuidando de nosotras encontremos y
generemos la paz, ruego por cada luz apagada y por cada mujer que ante esta
masacre calla, por todas las que están doblegadas, ruego por las familias que
las extrañan y ruego porque no les alcance una vida para pagar estas
atrocidades a quienes las matan.