sábado, 27 de febrero de 2016

Me gustas

Quiero que leas esto, quiero que entiendas el significado de cada palabra con precisión, porque  lo digo en serio. Escribir esto será como caminar descalzo sobre vidrios, quisiera decir que esta será la primera de muchas veces que lo haré solo para ti, que las próximas veces expresaré como las cosas han cambiado, que tú fuiste la excepción al ciclo de mi vida. Pero sé que no será así, sé que tú eres parte de la historia de mi vida, de la maldición que me sigue.

Quiero que sepas que, desde aquel martes, mientras yo caminaba a prisa y de pronto mis ojos se encontraron con los tuyos y me observaste por unos segundos antes de voltearte y seguir con tu camino, algo cambio en mí, hiciste algo no intencional que me hizo no querer de dejar de verte. En ese momento vi algo que jamás había visto en ti, tu porte y tu elegancia me inspiraron oportunidad.

Quiero que sepas, también, que desde ese fortuito martes de febrero no he podido dejar de pensarte, de observarte en fotos y de soñarte. Algo que a simple vista parecería poco trascendental, pero me es doloroso y simplemente no quiero. Yo sé que esta es la primera fase de algo muy largo en el que yo terminare perdiendo.

Quiero admitir oficialmente que me gustas, que estoy perdiendo las fuerzas que me retenían de sentir algo por alguien. No sé qué es lo que tengo que hacer, tengo muchísimo miedo, desde la última vez que llore por alguien me jure que nunca más volvería a creer y dejarme llevar por simples confusiones que causa mi mente.

Hay una parte de mí que me dice que pierda el miedo y deje fluir el sentimiento, sin embargo, la parte más fuerte no me va a dejar hacerlo. No quiero que me falles, no quiero que un día toda la ilusión se torne en una pesadilla que no me deje vivir en paz.

Desearía saber más de ti, conocerte más. Desearía hacer las cosas diferentes y no cometer el mismo error por tercera vez, pero todo empieza con uno solo y ese ya lo cometí. No puedo creer lo rápido que me hiciste sentirme así, no sé cómo lo hiciste. Ojala pudieras decirme qué hacer, ojala tú fueras la excepción y me hicieras sentir diferente, ojala está vez le haya atinado y mi presentimiento fuera cierto. Pero lamento decirme que no es así, que está sucediendo lo mismo que ya me había sucedido, que estoy aseverando lo que muchos días ya había aseverado, que la historia se está repitiendo. Es un poco desalentador, pero es mejor  aceptarlo ahora que después.  

Mi mente se especializa en creer que todo es posible aun cuando he tenido muchas decepciones. Yo sé que no leerás esto, que quedará para la posteridad para recordar lo ingenuo que era y que me gustaba sufrir en vano. Sin embargo, aunque me duela reconocerlo me gustas y me siento ridículo de tan solo admitirlo.

Me siento tan temeroso y nervioso porque estoy pasando lo mismo que ya he pasado y termina tan mal,  y es por ello que esta vez no pienso arriesgarme y averiguar si tú también sientes lo mismo por mí, será una lástima que así fuera porque jamás lo sabré.  J.V.P.
#Hugo R.  

miércoles, 24 de febrero de 2016

Carta Poder

Disfruta lo que me haces sentir, aprovéchate de lo que me provocas. Hazlo ahora, sin pensarlo, sin dudarlo. Diviértete con mis sentimientos, puedes hasta burlarte de lo que hago y de que lo hago sin pensar. Puedes ir por la vida presumiendo que tienes el poder de ir arrastrando mi amor por donde vas pasando. Tienes permiso de divulgar todo lo que te escribo, de someterlo a todas las críticas que se te antojen. Estás en toda la libertad de presumir que me tienes detrás de ti de una manera increíble, que nunca te imaginaste tener un amor así tan dispuesto y que nunca, jamás, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, responderías; que lo aceptas y que es un halago, o una ofensa. Hazlo, dilo, grítalo, ríete, nada de lo que hagas me va a convencer de dejarte, porque ya te tengo aquí y pienso mantenerte así hasta que ya no pueda más y no me quede otra opción que dejarte ir. Será pronto, depende de ti, yo te espero. No voy a dejarte, ahora. Cuando lo haga será una decisión tomada para mí, porque te tengo conmigo pero no para mí, tan consciente estoy de eso que no insisto, no tengo una estrategia infalible en la que al final corres a mis brazos y me juras que jamás vas a separarte de mí porque soy lo mejor que te ha pasado. Claramente no lo soy y claramente tú tampoco, por eso me dispongo a quererte como yo sé querer, a entregarte todo cuanto te dispongas a recibir, a abrirme completamente ante ti y hacerte ver que me tienes a tus pies y que no voy a poner resistencia a lo que decidas hacer conmigo y todo lo que me provocas, bueno o no. Te autorizo para usarme como mejor te convenga, para lo que se te antoje, por piedad o por amor. Termina con tus letras usando crueldad o bondad. Destrúyeme, que se te acaba el tiempo.

Hazlo, ahora y sin dudar. No te arrepientas, no lo pienses; porque no va a ser para siempre.

-SS.

sábado, 20 de febrero de 2016

No me vas ni me vienes

Después de mucho tiempo, la distancia nos sobrepasó y llego  más allá de nuestro límite. Tú, la promesa de mi primer amor, te fuiste dejando un vacío tan grande que nunca pude llenar. Te fuiste dejando la promesa de un mejor mañana, de un futuro donde ambos creábamos una historia como el destino lo había prometido.
Te soñaba, te veía, te alucinaba, sentía que aunque no estuvieras cerca de mí, estabas más cerca que toda la gente a mí alrededor. Volteaba mi mirada, al salir, para ver si te encontraba buscándome, tal vez, con tu mirada tan brillante como mil estrellas juntas en el firmamento. No era así, te gritaba tan fuerte como mi aliento lo permitía, mi voz hacía eco, ¿acaso no era tan fuerte para que me escucharas? Yo juraba que no lo era. Me decía una y otra vez que tu indiferencia no era intencional, que debía hacer más ruido.
La gente murmuraba y clamaba que el tiempo lo resolvería todo, inclusive las cosas que marcan tu vida. El tiempo pasaba arrastrándose en mi paciencia, sentía una oscuridad absoluta en mí.  Ellos dicen que las gotas de alcohol curan hasta el espíritu más roto, con tan solo dedicarle la botella y la noche.
Saber de ti, saber que tú habías avanzado y habías encontrado tu propio refugio aunque fuera de fantasía me dejo sin esperanza. Y ahí estaba yo, esperando al tiempo curar el mal y sin darme cuenta, mientras yo había avanzado con desánimo y con los ojos vendados.
Abrir los ojos en algún punto de tu vida y darte cuenta que ya no estás ahí, varado, atrancado en un hueco que tú mismo te habías dedicado de profundizar, es imposible sin sonreír. Darte cuenta que las cosas  dejaron de ser importantes y pasaste la línea. Mirar imágenes que te causaban dolor y que ahora no te hacen suspirar, no te hacen sentir la misma emoción al mirar su rostro, su sonrisa, sus ojos. El sonido que produce su nombre ya no te recorre por el cuerpo como una chispa que te enciende. La perfección de su persona ya no te queda, es demasiado chica para ti.

El ya no saber de ti, ya no me produce incertidumbre, al mirar al cielo de noche no pienso en ti. No me queda más que pensar en que, al final, el tiempo tiene la razón, la vida tiene sus formas de salvarte de cosas que no son para ti, que no te convienen. No te odio, tampoco te quiero, ya  simplemente no me vas ni me vienes. 
#Hugo R. 

Segundo Son.

Es la segunda vez que te escribo.

Y me fastidia.

Me fastidia porque es el anuncio oficial de que me gustas, y yo cuando alguien me gusta soy un caos pero que el que soy normalmente, cuando alguien me gusta mis desajustes se desajustan aún más y no me doy cuenta de muchas cosas que hago. Como entregarme. Porque me entrego de una manera total, más allá de la banalidad del cuerpo, de lo efímero de la condición humana, entrego completamente todo lo que tengo y puedo tener, o crear. Como esto. Me entrego al punto de no poderme negar a ti, y me pone insegura porque lo hago aún sin asegurarme de que tengas la capacidad de recibirme.
Me fastidia que me gustes porque te conviertes en verso y entonces en todos lados te encuentro, te apropias de cada momento libre que tengo para aparecer en mi mente con ese cuerpo perfecto, con la sonrisa que hipnotiza y la mirada que me vence y me atrapa.
Erres poesía, eres letras, específicamente esas: pe, o, e, ese, i, a. Eres los colores de desierto a medio día, eres la fotografía de una noche casi perfecta, eres el sabor del mezcal de mi tierra, eres la representación de tu propia naturaleza, eres esa pureza y el olor a tierra mojada del jardín donde crecí. Eres la tierra prometida, el águila que la entregó. Eres la música de ese momento y la danza de tu cabello con el viento que terminó de darle forma a esto que siento cuando me presumía que respiraba tu perfume directamente de tu cuello.

Hay sentimientos profundos, pero tú eres mucho más que eso.

Tú eres motivo, eres razón.

Tú eres absoluta inspiración.

-SS.

sábado, 13 de febrero de 2016

Tu mirada, tu voz

¿Quién eres tú? ¿Quién eres para mí? Yo cuando te veo, siento que no hay nadie mejor, que la palabra perfección se queda corta ante tu presencia, con tu sola respiración, con tu voz. Y aunque no quiera, siempre caigo, cada palabra tuya que va hacía mis oídos me devuelve a la vida y me hace sentir miedo al mismo tiempo, porque sé que no durará. Pareciera que la intención de la vida, del destino, es que no te olvide, que recuerde que estás ahí presente para después destruirme.
No te entiendo, no me entiendo. No sé qué buscas tú de mí, es como si no lo supieras, que no supieras que me muero por ti, que cuando me encuentro con tus ojos me siento vacío y sin palabras para expresar, aunque tengan mil y una frases para expresarte y miles de textos dedicados solo para ti.
¡Ja! Quisiera que supieras que cuando sé que me  notas, que tienes palabras para mí, me siento tan feliz y que, aun en los momentos más tristes, recordar tus palabras me hace feliz. Una en un millón, una noche que paso feliz, un camino más ligero que recorrer.

Quisiera poder decir que ya no me importas pero no puedo, porque cuando ya estaba en el camino hacia eso me devuelves a ti solo para recordarme que me conoces, que sabes cosas de mí que no le  pasarían a nadie, cada frase que me consterna de ti me remueve un cumulo de esperanza. ¡Que idiota soy!
Hugo R.

jueves, 11 de febrero de 2016

Huapango

No pensé encontrarte ahí, no creí que te iba a ver como la primera vez: bailando entre tanta gente con tu manera tan particular de disfrutar el estar bailando.
No me imaginé verte así, pero cuando vi tu sonrisa danzante a media luz, me pregunté cómo había podido pasar tanto tiempo sin ti. No sabía que decirte, no sabía qué tan fuerte abrazarte ni a dónde mirar, ni cómo contestar todas tus preguntas, fue como si el tiempo desapareciera y ese mar de gente se desintegrara. Lo único que sabía era que tenía que bailar contigo, pero cada vez que te me acercabas, una parte de mí quería salir huyendo para no equivocarse contigo y hacer algo que te alejara de mí y arruinara la noche. Pero ni hui ni me equivoqué.
Fui por una cerveza, te vi bailar; me acerqué y te vi sonreír; te invité a bailar y no supe que pasó después. No sé si me hablaste o qué me dijiste, mi concentración estaba en la ubicación de mis manos sobre tu cuerpo al bailar y lo extremadamente cerca que tenían mis labios a tu cuello al respirar. Peligroso, ¿no?; las jaranas que le tocaban a tus hombros claros y perfectos con la guitarra que tanto celaba tu cabello y los versos que escuchaba de tu voz en mi oído.
Más cerveza, pero esta vez me tomaste de la mano para ir por ella y tu frío tacto era más hermoso que cualquier artesanía del lugar. Más amigos, pero ninguna conversación más atractiva que tú. Más huapango, pero no tan armonioso como tu manera de bailar.

Así, al calor del baile, al sonido del huapango, a la sombra de los cactus, al color de la cultura del huichol y al sabor de la cerveza artesanal, te vi y te quise, en aquel barrio de mi San Luis.

SS.

sábado, 6 de febrero de 2016

Yo tan literatura, tú tan felicidad

Dime cómo fue, dime  qué pasó, dime que aún existo, dime que todo terminará pronto, dime que volveré a ser el mismo de antes, aquel que cuando te conoció sentía que la vida le estaba sonriendo, aquel que era feliz y sentía emoción al verte, aquel que por fin descubrió lo que quería en una persona.

Dime cuándo sucedió, cuándo termino todo, dime cuándo deje de sentir algo, no me di cuenta. Sólo pasó. Dime cuándo yo ya no pude ver tu sonrisa, aquella que me hacía sentir vivo, dime cuándo la cambiaste por tu indiferencia, ante mí, ante mi mirada.

Dime que no fue sólo yo, tú también estuviste en esto, en esos días extraños. Moriría y daría lo poco que queda de mí por saberlo, mejor aún, por hablar contigo, explicar…
Dime que tu cínica indiferencia es porque aun te importo y que es sólo un juego largo y malo de la vida para hacerme entender que las oportunidades no se desechan porque ellas no vuelven, se van junto con la felicidad.

Dime que mi vida no seguirá dependiendo de ti, de tu presencia, de tu olor, de tu mirada. ¡Me siento abandonado por tu interés! Aún falta tiempo y yo ya no soportaría verte.
Dime que en realidad tu felicidad es fingida, dime que no estás en tu lugar, que te sientes igual que yo, porque de lo contrario tendría que aceptar e intercambiar tu felicidad por la mía. Es un justo precio por la estupidez pero me quedaría sin vida.

Dime que estás afuera buscandome, que no te atreves a decirlo, a tocar la puerta. Me devolverías a la tierra. Y aunque no me lo digas, estás ideas por más falsas e imposibles me las estaré creyendo, hasta el final, hasta que ya no lo necesite.

Te cuento que estar en el mismo lugar que tú será una tortura al alma, que al verte tendré que reprimir las ganas de besarte, que caminar en los pasillos será imposible sin temer verte, sonriendo, viendo a otro lado, un lado en el que no estaré yo. Quisiera poder huir pero estoy obligado a estar ahí.

La pena de saber, de presentir, que yo estoy aquí, sin poder respirar, preguntándome sobre ti, recordando un pasado sin esperanza, mientras que tú estás pasando por lo mejor, que te has hecho terriblemente mejor. Me pregunto si tú te lo imaginas, me respondo que no.

Quisiera que terminará todo esto como yo deseo, como si esto fuera una historia en la que al final todo es perfecto. Sé que no será así, por lo menos para mí. Y esa es la parte que trágicamente me hace sentir mejor, porque sé que tú estarás bien, sé que tú jamás llegarás ni a imaginarte mis noches en las que te pensaba tanto y te lloraba. Jamás llegarás a leer esto, la vida seguirá así, y yo obtendré literatura y tú felicidad.

Hugo R.





miércoles, 3 de febrero de 2016

Ideas sobre el inicio. ¡Bienvenidos a Letras Libres!

Iniciar, ¿Cómo iniciar? Siempre se espera tener un  buen inicio, sea lo que sea lo que sea va a iniciar, porque la gente piensa que un buen inicio augura un buen proceso. Pero, ¿Qué es exactamente “Un buen inicio”? ¿Qué pasa cuando tu “buen inicio” no es lo que te habían prometido?  Entonces creemos que hemos iniciado mal y que por consecuencia no será tan bueno el proceso como si hubiera sido si se hubiera iniciado bien, pero es muy difícil admitir que el inicio, bueno o malo, no determina ningún resultado y aún más difícil encontrar el punto exacto del principio de todo lo que nos conforma. En realidad, y aunque pueda interpretarse como mensaje de motivación (lo cual aborrezco), todo puede iniciarse en cualquier momento.  En esta situación, ignoramos por completo el hecho de que el inicio es sólo un ritual de paso o transición más en nuestra colección, al que usamos simbólicamente como motivación, pero que en realidad es tan insignificante (en el sentido literal y etimológicamente estricto de la palabra)  como el resto de ellos. Estamos a la espera de los buenos inicios en todas nuestras actividades. Todas. Le damos un valor gigantesco y depositamos por completo nuestras expectativas sobre el todo que va comenzando y nos predisponemos  a partir del inicio de cualquier cosa. Lo sobrevaloramos e incluso dependemos de él: no podemos iniciar algo hasta encontrar la manera perfecta  de iniciarlo, inclusive yo he sido víctima de esta expectativa al escribir, necesito primero plasmar las ideas del centro para que se construya un buen inicio.

Desde el estricto inicio de nuestra vida somos sometidos a una especie de juicio predictivo de lo que será nuestro camino o nuestras experiencias, e inclusive se han escrito libros sobre cómo interpretar los primeros comportamientos de un neonato  para conocer las probabilidades de sus comportamientos futuros; lo peor es que sí hay quien los compre.  Inevitable y equivocadamente, quienes han iniciado cualquier cosa antes que nosotros, se sienten con la autoridad y hasta responsabilidad de emitir un juicio o más bien una predicción sobre nosotros a partir de nuestro inicio, predicción que muy probablemente este motivado por la proyección y la memoria de sensaciones y de experiencias, que al querer ser emitidos a manera de consejo,  se convierten más bien en un relato de sus experiencias  que se quedan en nuestra mente como un especie de molde o de meta; nos sentimos comprometidos a generar experiencias al menos similares a las que conocimos o nos acabamos predisponiendo creyendo que nos preparamos. Pudierase decir, inclusive,  que todo inicio representa también un final, tanto en el sentido lógico que nos dice que todo lo que empieza también acaba (como la vida) como en el sentido de que para que algo inicie, otro algo debió haber terminado antes. Al final, siempre habrá algo que hubiéramos querido cambiarle al inicio de lo que estamos terminando, pero en realidad, haberlo hecho como lo hicimos nos provocó las experiencias que creamos durante ese proceso, que, aunque no  lo parezca, han aportado valiosamente conocimientos nuevos que nos ayudarán, en algún momento, a tener un mejor inicio. Así es como los finales nos ayudan a iniciar. Como ahora.