Iniciar, ¿Cómo iniciar? Siempre
se espera tener un buen inicio, sea lo
que sea lo que sea va a iniciar, porque la gente piensa que un buen inicio
augura un buen proceso. Pero, ¿Qué es exactamente “Un buen inicio”? ¿Qué pasa
cuando tu “buen inicio” no es lo que te habían prometido? Entonces creemos que hemos iniciado mal y que
por consecuencia no será tan bueno el proceso como si hubiera sido si se
hubiera iniciado bien, pero es muy difícil admitir que el inicio, bueno o malo,
no determina ningún resultado y aún más difícil encontrar el punto exacto del principio
de todo lo que nos conforma. En realidad, y aunque pueda interpretarse como
mensaje de motivación (lo cual aborrezco), todo puede iniciarse en cualquier
momento. En esta situación, ignoramos
por completo el hecho de que el inicio es sólo un ritual de paso o transición
más en nuestra colección, al que usamos simbólicamente como motivación, pero
que en realidad es tan insignificante (en el sentido literal y etimológicamente
estricto de la palabra) como el resto de
ellos. Estamos a la espera de los buenos inicios en todas nuestras actividades.
Todas. Le damos un valor gigantesco y depositamos por completo nuestras
expectativas sobre el todo que va comenzando y nos predisponemos a partir del inicio de cualquier cosa. Lo
sobrevaloramos e incluso dependemos de él: no podemos iniciar algo hasta
encontrar la manera perfecta de
iniciarlo, inclusive yo he sido víctima de esta expectativa al escribir, necesito
primero plasmar las ideas del centro para que se construya un buen inicio.
Desde el estricto inicio de
nuestra vida somos sometidos a una especie de juicio predictivo de lo que será
nuestro camino o nuestras experiencias, e inclusive se han escrito libros sobre
cómo interpretar los primeros comportamientos de un neonato para conocer las probabilidades de sus
comportamientos futuros; lo peor es que sí hay quien los compre. Inevitable y equivocadamente, quienes han
iniciado cualquier cosa antes que nosotros, se sienten con la autoridad y hasta
responsabilidad de emitir un juicio o más bien una predicción sobre nosotros a
partir de nuestro inicio, predicción que muy probablemente este motivado por la
proyección y la memoria de sensaciones y de experiencias, que al querer ser emitidos
a manera de consejo, se convierten más
bien en un relato de sus experiencias
que se quedan en nuestra mente como un especie de molde o de meta; nos
sentimos comprometidos a generar experiencias al menos similares a las que
conocimos o nos acabamos predisponiendo creyendo que nos preparamos. Pudierase
decir, inclusive, que todo inicio
representa también un final, tanto en el sentido lógico que nos dice que todo
lo que empieza también acaba (como la vida) como en el sentido de que para que
algo inicie, otro algo debió haber terminado antes. Al final, siempre habrá
algo que hubiéramos querido cambiarle al inicio de lo que estamos terminando,
pero en realidad, haberlo hecho como lo hicimos nos provocó las experiencias
que creamos durante ese proceso, que, aunque no lo parezca, han aportado valiosamente
conocimientos nuevos que nos ayudarán, en algún momento, a tener un mejor
inicio. Así es como los finales nos ayudan a iniciar. Como ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario