Después de mucho tiempo, la distancia
nos sobrepasó y llego más allá de
nuestro límite. Tú, la promesa de mi primer amor, te fuiste dejando un vacío
tan grande que nunca pude llenar. Te fuiste dejando la promesa de un mejor
mañana, de un futuro donde ambos creábamos una historia como el destino lo
había prometido.
Te soñaba, te veía, te alucinaba, sentía
que aunque no estuvieras cerca de mí, estabas más cerca que toda la gente a mí
alrededor. Volteaba mi mirada, al salir, para ver si te encontraba buscándome,
tal vez, con tu mirada tan brillante como mil estrellas juntas en el
firmamento. No era así, te gritaba tan fuerte como mi aliento lo permitía, mi
voz hacía eco, ¿acaso no era tan fuerte para que me escucharas? Yo juraba que
no lo era. Me decía una y otra vez que tu indiferencia no era intencional, que
debía hacer más ruido.
La gente murmuraba y clamaba que el
tiempo lo resolvería todo, inclusive las cosas que marcan tu vida. El tiempo
pasaba arrastrándose en mi paciencia, sentía una oscuridad absoluta en mí. Ellos dicen que las gotas de alcohol curan
hasta el espíritu más roto, con tan solo dedicarle la botella y la noche.
Saber de ti, saber que tú habías
avanzado y habías encontrado tu propio refugio aunque fuera de fantasía me dejo
sin esperanza. Y ahí estaba yo, esperando al tiempo curar el mal y sin darme
cuenta, mientras yo había avanzado con desánimo y con los ojos vendados.
Abrir los ojos en algún punto de tu vida
y darte cuenta que ya no estás ahí, varado, atrancado en un hueco que tú mismo te
habías dedicado de profundizar, es imposible sin sonreír. Darte cuenta que las
cosas dejaron de ser importantes y
pasaste la línea. Mirar imágenes que te causaban dolor y que ahora no te hacen
suspirar, no te hacen sentir la misma emoción al mirar su rostro, su sonrisa,
sus ojos. El sonido que produce su nombre ya no te recorre por el cuerpo como
una chispa que te enciende. La perfección de su persona ya no te queda, es
demasiado chica para ti.
El ya no saber de ti, ya no me produce
incertidumbre, al mirar al cielo de noche no pienso en ti. No me queda más que
pensar en que, al final, el tiempo tiene la razón, la vida tiene sus formas de
salvarte de cosas que no son para ti, que no te convienen. No te odio, tampoco
te quiero, ya simplemente no me vas ni
me vienes.
#Hugo R.
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