domingo, 29 de mayo de 2016

Catástrofe.



Él tenía esa necesidad imperante de escribirle, como si eso le pudiera quitar esas monstruosas ganas de tenerla a ella y a su cintura, como si al escribir tuviera más cerca el sabor de sus labios y el embriagante ritmo de su respiración en el cuello durante el abrazo genuino que surgía de esa extraña manera de quererla ahí; no con él, sino más bien en él.
Tal vez valiente, tal vez ridículo, pero el impulso de dedicarle algo le hacía sentir calma y al mismo tiempo le alteraba, cuando descubría que lo hacía porque ella no estaba ahí.
Ingenuo. Todo el mundo sabía que ella lo lograría, nadie dudó de que lo atrapara y lo sabían sin conocerla, lo supieron sólo con verlo hablar de ella. Había algo distinto en sus ojos y hasta en su sonrisa. Era ella. Y cansado de esperar a que pasara, se lo confesó, con la misma extraña manera con la que solía hacer las cosas importantes…
“Fuerza, que tenga la suficiente para quedarme contigo sin hacerte daño, que me hagan mantener mi adicción a tus besos y mi dependencia a tu voz; que nunca falte en la ansiedad de vernos sólo para vernos, que cualquier placer que pueda regalarse a los sentidos, será poco frente al gozo del corazón de florecer en el sentimiento de la observación de tus movimientos finos y volátiles, como hoja en día de tormenta, pero autónoma, libre, tan caótica y serena, desordenada y propietaria de tu mundo que ya comprende también el mío con todas sus catástrofes dentro; tú, entre ellas”.
Ella no pudo seguir huyendo de decirle “Sí”, no le importó saber que haría con él lo que hacen las catástrofes con todo lo que tienen cerca; no porque lo deseara, sino porque esa era su naturaleza.

SS

miércoles, 18 de mayo de 2016

Segunda luz del día.



Eres la primera vez que no me doy cuenta de cómo llegué a sentir tantas cosas al mismo tiempo. Eres la primera vez que una voz me congela el tiempo y el espacio. Eres los primeros ojos que hacen desaparecer al resto del mundo. Eres los primeros labios que desintegran la prisa que mueve mi vida. Que movía mi vida, hasta antes de ti. Eres el primer universo que no me da miedo recorrer completo, aunque no me alcance ni con todo el tiempo que me queda. Eres tu propia naturaleza, una especie tan única, endémica, hipnótica, adictiva.
No me había encontrado con una piel así, con tanta historia, con tanta fuerza, tantos caminos, colores, tanta entrega.
Te tengo en la mente justo ahora, te tengo en mi pluma y en este trozo de papel que es mi alma, te tengo en mis letras y tenerte en estos lugares es la prueba más grande que puedo darte cada vez que me preguntas si te quiero y a mí me paraliza el miedo de no saber dónde meter los sentimientos que ya no caben en los “te quiero”…
Te tengo en todos mis miedos, en mis dudas y en los riesgos que me hacen saber que voy en el camino correcto; que vamos en el camino correcto. Eres mis ganas de volar, eres la maravilla en la que se convierten tus minutos y los míos cuando están juntos, eres mi necesidad de fundirte con mis manos cuando tu beso me hace explotar los sentidos, eres mi ubicación, mi norte, el único tratamiento efectivo contra mi ansiedad, eres la única luz encendida cuando todo se apaga, como cuando está a punto de amanecer; mejor aún eres la belleza misma del amanecer. Eres lo que me hace escribir, lo que me provoca sonreír, lo que me hace cantar y componer.
Tú, segunda luz del día, eres lo que me motiva a querer.

SS.