Eres la primera vez que no me doy
cuenta de cómo llegué a sentir tantas cosas al mismo tiempo. Eres la primera
vez que una voz me congela el tiempo y el espacio. Eres los primeros ojos que
hacen desaparecer al resto del mundo. Eres los primeros labios que desintegran
la prisa que mueve mi vida. Que movía mi vida, hasta antes de ti. Eres el
primer universo que no me da miedo recorrer completo, aunque no me alcance ni
con todo el tiempo que me queda. Eres tu propia naturaleza, una especie tan
única, endémica, hipnótica, adictiva.
No me había encontrado con una
piel así, con tanta historia, con tanta fuerza, tantos caminos, colores, tanta
entrega.
Te tengo en la mente justo ahora,
te tengo en mi pluma y en este trozo de papel que es mi alma, te tengo en mis
letras y tenerte en estos lugares es la prueba más grande que puedo darte cada
vez que me preguntas si te quiero y a mí me paraliza el miedo de no saber dónde
meter los sentimientos que ya no caben en los “te quiero”…
Te tengo en todos mis miedos, en
mis dudas y en los riesgos que me hacen saber que voy en el camino correcto;
que vamos en el camino correcto. Eres mis ganas de volar, eres la maravilla en
la que se convierten tus minutos y los míos cuando están juntos, eres mi
necesidad de fundirte con mis manos cuando tu beso me hace explotar los
sentidos, eres mi ubicación, mi norte, el único tratamiento efectivo contra mi
ansiedad, eres la única luz encendida cuando todo se apaga, como cuando está a
punto de amanecer; mejor aún eres la belleza misma del amanecer. Eres lo que me
hace escribir, lo que me provoca sonreír, lo que me hace cantar y componer.
Tú, segunda luz del día, eres lo
que me motiva a querer.
SS.
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