domingo, 9 de abril de 2017

Tan nuestra.

¿Y si nos vamos a una nube que florezca por las noches? Te prometo que no habrá una en la que pases frío. ¿Y si plantara ríos en tus besos? No me perdería ningún atardecer navegando en ellos. ¿Y si tejiera amaneceres en tus ojos? No me pesaría en absoluto levantarme temprano para cosecharlos a besos.
Puedo cantarte al oído las notas de tus piernas cuando me abrazan la cintura. Tengo el registro de todos los sonidos que nos han acompañado en los viajes a mis bosques de árboles altos y en los aterrizajes sobre tus lagos dulces y luces frías. Tengo tu voz en aerosol que me sirve para volver al mundo y acabar con él antes de que él acabe conmigo, y tengo las dos más bellas flores de tu cuerpo cada vez que el viento visita las palmas de mis manos. Tu sonrisa efervescente es mi deseo ferviente al despertar, desde antes de abrir los ojos.
Eres el oasis del desierto que es mi tierra, que es mi lengua; eres la fantasía de cada efímero momento en mis oídos, tienes la fruta fresca que necesito para reponerme en días como estos en los que te encuentro hasta en el solitario verso que me cantan los dioses mientras me llevan hasta el cálido abrazo con el que me esperas en cada oscuridad. No habrá ayer ni hubo mañana si abres para mí el paraíso en el que sueño tenerte cada noche que no estás.
Toda expresión de libertad, de arte o de vida, me provoca desear tu existencia enérgica y tu apasionada entrega.

No hay, alma mía, una historia con tanto amor como ésta; como la nuestra que tan nuestra es.

SS

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